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Contumacia impúdica
El caserío de NUEVO ANTIOQUIA, adscrito a la jurisdicción municipal de TURBO y colindante con varias veredas del corregimiento de San José de Apartadó donde existen asentamientos integrantes de nuestra COMUNIDAD DE PAZ, ha sido, desde hace más de 15 años, un cuartel del paramilitarismo de la región de Urabá y un centro de coordinación entre la fuerza pública del Estado y las estructuras paramilitares más criminales que han inundado de sangre la región. Así lo han testimoniado ante funcionarios de la ONU, soldados que han prestado su servicio militar en dicha base y participaron en patrullajes conjuntos con los paramilitares para perpetrar masacres y desapariciones a finales de los 90. En el proceso de Fiscalía que investiga la masacre del 21 de febrero de 2005, militares y paramilitares que han confesado su participación en el horrendo crimen le han contado a la Fiscalía cómo las coordinaciones básicas entre militares y paramilitares para planificar y ejecutar la masacre tuvieron como epicentro las bases de Nuevo Antioquia. En los últimos años, meses y semanas, nuestra Comunidad no ha cesado de denunciar las incursiones paramilitares que han afectado a las comunidades aledañas de Playa Larga, Rodoxalí, La Esperanza, Mulatos, La Resbalosa, La Hoz, Sabaleta, Alto Bonito, Las Nieves y El Porvenir, en algunas de las cuales se ha visto hasta 600 paramilitares uniformados, armados e identificados con brazaletes, quienes van y vienen de su cuartel en Nuevo Antioquia, donde departen a la vista de todo el mundo con militares y policías. En uno de los últimos episodios del mes pasado, los paramilitares guardaron sus bicicletas en la Estación de la Policía mientras se llevaban detenidos a miembros de nuestra Comunidad para desaparecerlos o amenazarlos de muerte.





