Memoria que no se borra

El pasado 21 de febrero nuestra Comunidad de Paz de San José de Apartadó se congregó nuevamente, en una pnieregrinación que tuvo amplia participación, en los lugares marcados por el martirio, en las veredas de Mulatos Medio y La Resbalosa. Allí, el 21 de febrero de 2005, 17 años antes, fueron masacrados con horrenda sevicia, por agentes directos e indirectos de este Estado criminal, sigilosamente coordinados y distribuidos, siete integrantes de nuestra Comunidad de Paz y un trabajador que ayudaba en la cosecha del cacao.


Como en los 16 años anteriores, los peregrinos se dieron cita en los lugares de cada matanza, a la hora precisa en que, según los testigos sobrevivientes, ocurrieron los hechos de barbarie. Se iniciaron los actos conmemorativos a las 7:30 de la mañana junto a la ermita de Mulatos, construida en el sitio donde el líder histórico de nuestra Comunidad de Paz, LUIS EDUARDO GUERRA, fue asesinado con machetes y garrotes, así como su compañera BELLANIRA AREIZA y su hijo de 10 años DEINER ANDRÉS GUERRA, quien fue además decapitado. La noche anterior se había instalado junto a la ermita una placa en la cual se explican los detalles del crimen a los transeúntes que se acercan a observar el monumento, que es la cuarta versión de recinto sagrado con que a lo largo de estos 17 años se ha tratado de salvaguardar el espacio ensangrentado con el sobrecogimiento que produce el martirio. Esta cuarta versión, en piedra y cemento, fue iniciada por una joven de Israel, experta en construcciones de piedra, quien visitó el sitio de la barbarie hace algunos años, movida por la conmoción que los relatos le causaron.

Luego de la celebración eucarística en Mulatos, los peregrinos se dirigieron a la vereda La Resbalosa, distante casi dos horas de camino por cuestas y bosques. Los relatos de los sobrevivientes ubicaron el inicio de la matanza a las 12 del día, cuando el conglomerado de agentes directos e indirectos del Estado, cercaron la humilde vivienda de ALFONSO BOLÍVAR TUBERQUIA y SANDRA MILENA MUÑOZ POSSO, disparando de entrada a la cocina donde Sandra cayó sin vida inmediatamente. Sus niños, NATALIA ANDREA, de 5 años, y SANTIAGO, de 18 meses, serían descuartizados por los soldados cuando Alfonso, quien había huido en el primer momento, regresó para correr la suerte de su esposa e hijos a quienes no había podido arrastrar en su huida. ALEJANDRO PÉREZ, vecino, quien les ayudaba en la cosecha del cacao, había sido ya horrorosamente acribillado y despedazado. Congregados junto al rancho que cubre aún las fosas donde los cuerpos de los mártires habían sido ocultados en pedazos, los peregrinos asistieron a un acto de memoria con reflexiones, testimonios, canciones y plegarias.

Tanto en Mulatos como en La Resbalosa, una plegaria cantada y acompañada del gesto de manos levantadas en ritual de bendición, clausuró los actos conmemorativos con la afirmación colectiva y reiterativa del carácter sagrado de esos espacios:
Este lugar es Tierra Sagrada,
este lugar es Tierra de Encuentro,
este lugar es Tierra de Todos,
este lugar es Tierra de Amor,
este lugar es Tierra de Vida,
este lugar es Tierra de Gracia,
este lugar es Tierra de Amigos,
este lugar es Tierra de Luz,
este lugar es Tierra Distinta,
este lugar es Tierra de Hijos,
este lugar es Tierra de Hermanos,
este lugar es Tierra de Dios.